Orquesta sinfónica e instrumentos virtuales… ¡mola! -Max Richter es nuestro referente…

Natural de Hamelín (Alemania), Max Richter es un productor, pianista y compositor británico de música clásica y minimalista que ha incorporado la tecnología musical con éxito en sus producciones. El nombre de Richter se popularizó junto a Arvo Pärt, Brian Eno, Philip Glass, Julia Wolfe y Steve Reich, cuando juntos fundaron Piano Circus, un conjunto iconoclasta de música clásica. Pero quizá Max es más conocido en los circuitos electrónicos por su colaboración con Future Sound of London en sus álbumes Dead Cities, The Isness y The Peppermint Tree And Seeds Of Superconsciousness, además de su trabajo junto a Roni Size para In The Mode.

Este inusual camino ecléctico entre música culta y experimentación electrónica, ha modelado la propia obra de Max Richter, una acción de sumo interés para todos nosotros. Así que cuando Native Instruments dedica su atención a este creador, ejemplificando este concepto creativo en sus propios instrumentos virtuales, el movimiento se merece toda nuestra atención. No te pierdas el vídeo superior con la entrevista que NI dedica a Max Richter, o sigue leyendo nuestra transcripción completa de sus declaraciones.

La música como una obsesión, ¿te suena?

Todo el mundo tiene algo que es único. El asunto es descubrir de qué se trata. Empecé a tocar el piano cuando era un niño, pero tenía una profesora de piano muy chapada a la antigua, una anciana encantadora que asustaba un poco. Cuando tocaba mal una nota, me pegaba con una regla. ¡Plaf! “¡No era Sol sostenido, era Si!”

Así que al final, lo dejé. Acabé totalmente harto. Después, ya de adolescente, lo retomé y practiqué sin descanso. Para mí la música se convirtió en una obsesión. Tanto en sentido positivo como negativo. La obsesión propia de una pasión, y también la obsesión de algo que toma el control de tu vida. Eso es lo que pasó. Cada minuto que vives es un minuto musical. Para bien o para mal, soy un pasajero de esta especie de tren musical.

max richter en su creación

En cuanto a mis influencias, puedo nombrar dos cosas: está el mundo clásico. Estudié lo típico en el conservatorio y en la universidad, y trabajé un tiempo como pianista de concierto. Mientras tanto, de adolescente, con 12, 13 y 14 años, tenía mi soldador y montaba sintetizadores en mi cuarto. Tenía todo aquello. Descubrir la música electrónica fue crucial.

El contenido electrónico de mi obra siempre lo considero como una extensión de lo que ocurrió en la música clásica durante siglos. En el siglo XVIII, la orquesta era un grupito de pocos instrumentos, y en el XIX, empieza a crecer y crecer. Entonces los compositores buscan nuevos colores, nuevas formas de contar historias.

Para mí, incorporar la electrónica en mi música, que es mayormente escrita, instrumental, es una extensión de aquello. Como disponer de nuevos colores. Hay herramientas fantásticas, ¿por qué no utilizarlas?

“Cada minuto que vives es un minuto musical. Para bien o para mal, soy un pasajero de esta especie de tren…” – Max Richter

Más allá del sonido, en las interioridades del instrumento

El primer sintetizador que monté fue Transcendent 2000. Más adelante, cómo no, intenté usar todos los cacharros que pude, como hacemos todos, y me fui decantando por el sonido Moog en el mundo analógico. Empecé a usar plugins prácticamente desde el principio. Cuando aquello comenzó, podías empezar a crear efectos, imagino que sólo en Pro Tools y Logic. Fue una revolución. De repente, tenías verdadera repetibilidad, podías recuperar y repetir cosas con precisión, algo fascinante.

En cierto modo, al trabajar con música electrónica, tienes la composición de los sonidos y además otra dimensión: la composición del instrumento que los produce. Tuve una fase en la que me dio la fiebre por Reaktor, que usé en The Blue Notebooks y Songs From Before. Fue mi punto álgido creando ensembles de Reaktor.

[Reaktor] es como un generador de ideas accidentales. Es decir, creo que buena parte de la música electrónica es experimentación. En cierto sentido es muy diferente a componer sobre papel, [pues eso] es como: “Tengo una idea y la anotaré”. Para mí, la electrónica es más: “Pues vamos a probar esto”. Y Reaktor es fantástico para eso.

Max Richter ha llevado la tecnología musical a sus obras sinfónicas

El mestizaje creativo de Max Richter

El montaje actual de directo es un poco inusual porque está pensado para Sleep, que es un monstruo en términos de la cantidad de datos que se mueven. Las multipistas de Sleep duran ocho horas y media. Usamos una gran parte de ese material en varias formas del espectáculo en vivo, porque tiene mucha música electrónica. Intento que la carga que soportan los ordenadores sea la menor posible para que tengan más posibilidades de aguantar toda la noche. Por eso “congelamos” todo el audio que podemos. Sólo tenemos un teclado controlador y un portátil para tocar instrumentos de Kontakt.

Llevamos en Kontakt todas las colecciones de samples: Spitfire, Heavyocity, obviamente [material de] Native Instruments… Es una máquina sólida como una roca.

“De repente, tenías verdadera repetibilidad, podías recuperar y repetir cosas con precisión, algo fascinante…” – Max Richter

Es la evolución de la tecnología musical, empezamos con herramientas muy crudas que eran difíciles de usar, y empezamos a disponer de herramientas que ofrecen más flexibilidad. O sea, soy un pianista, fue con lo que empecé, y tengo que decir que físicamente, para tocar, Komplete Kontrol es el teclado con mejor tacto que he tocado en mucho tiempo. Físicamente, es un auténtico instrumento para intérpretes.

En los últimos años, ha tenido lugar un gran mestizaje, por así decirlo, entre distintas formas de hacer música. Hasta cierto punto, la tecnología lo ha hecho posible.

Para mí, la idea de escribir una pieza para que sólo la toque una orquesta… En fin, claro que se puede hacer, pero pienso en que tenemos todos estos recursos nuevos. Vamos a usarlos.

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