La escucha de un cantante desafinado nos resulta desagradable, debido en buena parte a los efectos inmediatos que ese sonido desencadena en nuestro cerebro -esta es la conclusión que ahora nos ofrecen los neurólogos para explicar los resultados que genera una exposición a tales desastres artísticos.

La Ciencia ya conocía bien los efectos cerebrales que ocasionan diversos elementos de la música, como el ritmo, la letra de una canción o su tono. De hecho, muchos de esos efectos son beneficiosos, como la inducción a un estado de excitación mediante la generación de dopamina (explicada con genialidad en este vídeo de AsapSCIENCE), o la sensación de fortaleza personal que aumenta al escuchar música rica en frecuencias graves.

Un cantante fuera de tono afecta a tu cerebro, realmente

Lo interesante ahora es que la Ciencia también nos aporta una explicación neurológica para entender los efectos de rechazo que desencadena en tu cerebro la escucha de un cantante desafinado en su nefasta actuación.

«Nuestro cerebro busca patrones de seguridad. A lo largo de la vida, vamos definiendo qué es para nosotros cantar bien. Y cuando ese patrón no se repite, la sensación resulta desagradable», comenta Carlos Tejero Juste, neurólogo del hospital Lozano Blesa de Zaragoza y Vocal de comunicación de la Sociedad Española de Neurología.

La conclusión inmediata es que esa sensación resulta más o menos desagradable en función de tu experiencia de escucha de buenos y malos cantantes: «Hay personas más sensibles a una voz desafinada, igual que otras son menos tolerantes al desorden de una casa, por ejemplo. Pero el origen del rechazo es el mismo: el temor».

Quizá hayas sentido algo similar al escuchar, por primera vez, a un cantante con un marcado estilo personal que escapa de los cánones. La primera vez que escuchamos a Shakira con sus inflexiones o a Dolores O’Riordan en su éxito Zombie con The Cranberries -por citar dos casos-, sentimos ese ‘temor’ a la experiencia desconocida de escucha (bromas aparte), que se fue tornando en algo agradable con sucesivas exposiciones.

Acostumbrándote a tu propia voz

Lo que no alcanzábamos a entender es cómo un cantante desafinado consigue acostumbrarse a su propia voz. «Nos acostumbramos rápido a la gente que canta mal. Por ejemplo, a tu pareja: tras escucharlo muchas veces, quizá no llegue a gustarte, pero desaparecerá el repudio», añade Tejero Juste. Así las cosas, alguien que siempre cante fuera de tono conseguirá modelar su sentimiento de temor, y consecuentemente su «patrón de seguridad», para sobrellevar literalmente su torpeza artística.

Carlos Tejero aconseja una buena postura ante situaciones como la anterior, y muchas otras que aplican a nuestra concepción última de la creación musical: “Tenemos que crear nuevas conexiones [neuronales], abrirnos a nuevas vías, mirar de frente a los problemas nuevos y encontrar soluciones -lo mejor para que nuestro cerebro funcione es combinar los ejercicios mentales con las sensaciones”.

En cualquier caso, todas estas explicaciones convenientes nos vienen al pelo para entender cómo narices fuimos capaces de aguantar una hora de concierto de ese amigo de la infancia, o la obra musical de fin de curso con canciones interpretadas por los niños del pasado verano. Seguro que, ampliando sus patrones de seguridad, todos ellos acabarán cantando muy bien si deciden seguir por ese camino.

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