La contaminación por ruido es una de las plagas medioambientales más difíciles de controlar; y el confort acústico, una meta que aún parece lejana -pero, ¿hasta qué punto nos afecta el ruido?

La manida cuestión del “¿qué fue primero, huevo o gallina?” también es aplicable cuando hablamos de malos hábitos, y en este caso, de la vida constante entre ruido. ¿Y por qué planteamos esta pregunta o dilema en FutureMusic.es? A pesar de lo incómodos y perjudiciales que son los ambientes ruidosos para nuestra salud, incluso parece como si al común de la gente poco le importase. Muchas veces, ni siquiera son conscientes del problema -hasta tenemos dicha sensación.

No son raros los locales de reunión -como bares, restaurantes, salas audiovisuales, salones de conferencias, incluso recintos de conciertos-, donde no se demuestra cuidado por la acústica. Sitios ruidosos y poco confortables donde, sin embargo, clientes y propietarios parecen sentirse cómodos.

¿Será que los propietarios y responsables no quieren invertir en algo que consideran superfluo? ¿O son las personas, los clientes, quienes no demandan estas calidades y comodidades? No se trata de lujo, en cualquier caso, sino de salud. Pero entre los factores de calidad destacados en las guías de turismo, ocio y cultura, resulta extraño que nunca encontremos una valoración acerca de la contaminación acústica del lugar. A día de hoy, una valoración así parecería excéntrica, lo mismo que hace años hubiese parecido una prohibición de fumar en la consulta del médico…

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Malos hábitos: mal negocio

Ha pasado ya un tiempo considerable desde que se eliminó el humo del tabaco en lugares cerrados de concurrencia pública, y es indiscutible la mejora en la calidad de vida que esto ha supuesto. Estábamos acostumbrados a convivir con el humo, al igual que ahora lo estamos a soportar el ruido. ¿Es entonces el ruido otro mal hábito que deberíamos eliminar de raíz? Cuando aceptamos que estamos contaminados por el ruido como antes lo estábamos por el humo del tabaco, entonces la respuesta aparece diáfana. Sí, debemos cambiar nuestra actitud respecto a este asunto.

El confort acústico es un aspecto fundamental para la comodidad del cliente, si hablamos en términos de negocio. Por este motivo, los propietarios y responsables de este tipo de establecimientos no deberían pasar por alto la necesidad de un espacio agradable y libre de ruidos. Aunque un cliente no repare en ello de forma consciente, si debido a un ambiente ruidoso, donde ha tenido que comunicarse en voz alta, su experiencia ha sido poco agradable, mucho deberían ajustarse los precios para que este cliente decidiese volver. Una cena, una charla con amigos, un concierto, debería ser una experiencia confortable, cómoda, y nunca estresante o agotadora.

Existe un concepto denominado “efecto café” que describe las consecuencias secundarias que provocan los ambientes de mala acústica o ruidosos. El cliente, al ser incapaz de escuchar de una forma clara a su interlocutor, alza la voz, lo que provoca que el de la mesa contigua haga lo mismo, y así sucesivamente. Es un efecto dominó que fuerza a que todo un aforo acabe hablando a niveles muy altos, generando un ambiente tremendamente incómodo.

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La salud es lo primero: ¿cómo nos afecta el ruido?

Cuando hablamos de ruido, no lo hacemos sólo refiriéndonos a la comodidad, que no es poca cosa, sino también a una cuestión básica de salud. Las personas que están expuestas con cierta frecuencia a ambientes ruidosos, son más susceptibles de desarrollar con el tiempo problemas de salud considerables. Entre éstos figuran pérdidas de audición, alteraciones del sistema vascular, respiratorio, y digestivo, anomalías fisiológicas, problemas de vista, alteraciones del metabolismo, falta de comunicación y atención, dificultades para conciliar el sueño, ansiedad, fatiga, problemas de memoria a corto y largo plazo, entre otras anomalías.

Todas ellas son razones más que suficientes para conceder la importancia que se merece a un tema tan relevante como es la contaminación acústica. Y es que un acondicionamiento acústico adaptado a las necesidades del espacio, no sólo redundará de forma positiva en la comodidad del cliente; también tendrá su impacto positivo sobre la salud de los trabajadores y, en última instancia, en los beneficios de un negocio.

Una sociedad menos ruidosa: ¿se está haciendo algo para alcanzar esta meta?

Comienzan a surgir algunos movimientos en este sentido, y ya se están promoviendo algunas iniciativas como la incorporación de zonas libres de ruido. La Asociación CLAVE -una entidad que presta apoyo a las personas con deficiencias auditivas-, es una de las pioneras en este tema. Su Directora, Carmen Abascal, ha definido el ruido como una de las plagas de la modernidad.

Por otra parte, en los últimos años, se están erigiendo algunas propuestas en relación a este asunto. Ya podemos apreciar una cierta tendencia de algunos sectores a encaminarse hacia locales “noise free, una especie de categorización que el cliente encontrará entre las características de diferentes locales -una suerte de “Estrellas Michelín” del confort acústico.

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El desafío de vivir sin ruido

No será una tarea fácil, pero sin duda es una obligación para avanzar como sociedad. Los avances de la tecnología también apuntan en este sentido. Cada día se desarrollan sistemas innovadores para insonorizar hogares, coches, oficinas. El yoga, la meditación, terapias naturistas, centros de spa, son nuevos hábitos en la sociedades modernas que también nos empujan hacia esa dirección.

Antonio García, abogado especializado en conflictos derivados del ruido, ha creado un Observatorio del Ruido, en el cual se está conformando un mapa de puntos conflictivos, en cuanto a ruido se refiere, de la geografía española. “La previsión, la planificación, la educación y el respeto, son aspectos fundamentales para empezar a resolver el problema del ruido”, sostiene García

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido es la segunda causa de enfermedades, detrás de la polución, debido a motivos medioambientales. Así que tendríamos que hacer cierta, de una vez por todas, otra famosa frase del pueblo: “huyamos del mundanal ruido”.

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