Yamaha CS-80, el sintetizador polifónico colosal

Yamaha CS-80, el sintetizador polifónico colosal
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¿Te imaginas qué ocurriría si llenases un teclado sintetizador con todas las opciones posibles? Te desafiamos a que te enfrentes a Yamaha CS-80 y la fuerza de su leyenda, a ver si logras salir vivo de tan intenso encuentro…

Imagínate por un momento que un fabricante de sintes anuncia un nuevo sintetizador analógico con polifonía de ocho voces, memoria para patches, multi-tímbrico, control de velocidad, postpulsación polifónica, y controlador de cinta. Suena atractivo, ¿verdad?

Pues intenta vislumbrar lo increíbles que fueron esas especificaciones cuando salieron a la venta en 1977, condensadas en el sinte Yamaha CS-80, uno de los iconos de la polifonía analógica. En este reportaje descubrirás qué le hacía tan especial, y quizá llegues a sentir por qué debes lamentar para el resto de tu vida no haber comprado uno en los años 90.

El momento histórico del lanzamiento de Yamaha CS-80

Para poner a Yamaha CS-80 en contexto, veamos el estado del mercado de los sintes cuando esta unidad vio la luz. Minimoog había puesto los sintes monofónicos al alcance de un mercado mucho más amplio, pero los sintes polifónicos aún eran una tecnología casi nueva y los principales modelos del mercado poseían claras debilidades. Moog Polymoog (1975) y ARP Omni (1976) se basaban en una arquitectura restrictiva de división derivada de los órganos electrónicos -usaban osciladores individuales para crear las doce frecuencias de su octava más alta, y luego usaban divisores electrónicos para partir su frecuencia en 2, 4, 8, etc, y así crear tonos para las teclas más graves. Oberheim Four-Voice (1975) no ocultaba que fue construido sobre múltiples módulos SEM monofónicos. Cuando Yamaha anunció el modelo CS-80 en 1976, estaba claro que suponía una nueva gama de sintes muy flexibles.

Yamaha ya poseía un teclado estrella en el modelo GX-1 (1975), pero a un precio tan absurdo (unos 52.000 euros de entonces) era más un banco de pruebas y herramienta de investigación que un intento genuino de vender sintes. Esa misma tecnología llegó a un perfil más realista de consumidor en 1976 con el modelo CS-50 de cuatro voces. Al año siguiente, Yamaha aumentó la gama con el modelo CS-60 y el nuevo buque insignia CS-80.

Sobre la base de un único oscilador para cada uno de los dos canales de ocho voces, Yamaha CS-80 también aportaba filtros resonantes paso-alto/ -bajo, controles generales para resonancia y brillo que cambiaban el timbre del sonido conforme te movías por el teclado, un LFO suboscilador, y un modulador de anillo muy versátil. Podías usar 26 presets con los conmutadores ‘tone selector’ que tenía sobre el teclado, e incluso había cuatro ranuras para guardar patches muy básicos, a las que accedías al levantar una tapa en el lado izquierdo del panel frontal del sinte y que programabas ajustando pequeños sliders para cada parámetro. Era posible reproducir a la vez dos patches de ocho voces, mezclándolos o dividiéndolos a lo largo del teclado.

Un rendimiento inusitado

Las opciones de rendimiento de este sintetizador impresionaban tanto como sus prestaciones de síntesis: su teclado de cinco octavas lastrado era sensible a la velocidad y a la postpulsación polifónica. Usabas portamento o glissando para moverte entre las notas o para saltar por la escala cromática. Hoy casi todos los sintes y controladores usan las familiares ruedas pitchbend y de modulación para la expresión, pero a últimos de los 70, los fabricantes aún experimentaban con varios métodos de control.

Yamaha CS-80 ofrecía pitchbend a través de un controlador de cinta escondido bajo una tira de terciopelo de 60cm sobre el teclado. La parte de la cinta donde se posara el dedo del teclista pasaba a ser el punto cero, y los osciladores hacían pitchbend hacia arriba si el dedo iba a la derecha, o hacia abajo si iba a la izquierda. Podías elevar las notas una octava o bajarlas más allá de la frecuencia audible, y creabas trinos situando dos dedos sobre la cinta.

El grandioso CS-80 era un peso pesado en el sentido más literal del término con sus 100 kilos de peso, incluyendo su maletín integrado de transporte y su tapa escamoteable –es increíble, pero Yamaha recomendaba poner todo ese conjunto dentro de otro contenedor para su transporte. No sorprende el elevado precio de Yamaha CS-80, pues se vendía por unos 5.900 euros. En comparación, el salario medio de 1977 rondaba los 4.500 euros al año… sin deducir impuestos.

A pesar de sus obvios puntos a favor, CS-80 estaba destinado al fracaso desde el principio gracias a su prohibitivo precio. La inminente llegada de polisintes más baratos y estables como Sequential Circuits Prophet-5, Oberheim OB-X, y Roland Jupiter-4 hizo que nuestro dinosaurio sintético nunca alcanzase un gran éxito comercial. Ninguno de esos rivales igualaba las capacidades de síntesis o las opciones de rendimiento de CS-80, pero le robaron muchos clientes sólo por ser más asequibles. Se vendieron unas 2.000 unidades antes de que la producción quedase clausurada en 1980.

Yamaha CS-80 con flightcase de transporte

Yamaha CS-80, un sinte de ensueño, ¡pero no intentes levantarlo tú solo!

Usuarios de un club exclusivo

Dado su alto precio y similar aparatosidad, la posesión de un CS-80 quedó restringida a un club de élite. Stevie Wonder, dueño de dos GX-1, comenzó a usarlo de inmediato. Los nombres del resto de dueños nos sugieren quién era quién en la realeza de los teclados de finales de los 70, e incluyen a artistas como Keith Emerson, Steve Winwood y Klaus Schulze. Steve Porcaro lo usó de forma profusa con Toto y, sobre todo, en el LP Thriller de Michael Jackson. Pero quizá el mejor escaparate de los logros de CS-80 es la banda sonora que Vangelis creó en 1982 para la película Blade Runner, donde emanan increíbles sonidos modulados, versátiles opciones de expresión, e imitaciones muy reales de instrumentos acústicos.

Si hojeas los anuncios en FM de finales de los 90, lamentarás haber perdido esa ganga…

El modelo CS-80 fue muy demandado a finales de los 70 y por eso no sorprende que siga siendo popular hoy. Los dueños actuales conocidos incluyen una lista de pesos pesados de la música electrónica, como Aphex Twin, Daft Punk, Philippe Zdar, RJD2, Cut Copy, Air, Soulwax, Fred Falke, y Phoenix. Pero aunque sea difícil de creer, Yamaha CS-80 no ha sido siempre tan popular. Si hojeas los anuncios de lectores de FM de finales de los 90, lamentarás haber perdido la oportunidad de tener uno a un precio de saldo. Por entonces, CS-80 tenía la reputación de ser un sinte potente, pero poco fiable. Habrías comprado una unidad en buenas condiciones entre 600 y 1.200 euros. Esos días jamás volverán…

En los últimos años, los precios se han disparado, haciendo de CS-80 uno de los sintes más caros en el mercado de segunda mano. Si llegaras a hallar uno en buenas condiciones, actualizado para albergar MIDI, no te sorprendas si el precio ronda los 15.000 euros o más. Has de tener en cuenta los costes de calibración, revisión, y mantenimiento. Poseer un Yamaha CS-80 es hoy día casi tan caro como lo era en 1977.

Alternativas para los mortales

Dados los estratosféricos precios de los sintes CS-80, lo más cerca que muchos llegaremos será con una emulación virtual. Los puristas siempre dirán que eso no captura los sutiles matices del producto real, pero el plugin Arturia CS-80V es una fiel reproducción del sinte y con una gama de opciones de routing de modulación que expanden su paleta sonora aún más. Por un precio de 149 euros es inmensamente más barato que el original, aunque para sacarle todo el partido necesitarás un controlador MIDI con postpulsación polifónica, los cuales incluso hoy son muy raros. Eso da una idea de lo vanguardista que el modelo CS-80 era ya a finales de los 70.

En cuanto a alternativas hardware modernas, no hay nada que se acerque al tono analógico crudo y flexible del original. Quizá Alesis Andromeda A6 ofrece una versión moderna de un juego similar de opciones –con 16 voces y basado en VCOs analógicos–, pero dejó de fabricarse en 2010.

Con el modelo A6 fuera del mercado, las opciones más cercanas son quizá DSI Prophet 08 y 12 (con ocho y doce voces), o de lejos PolyEvolver (cuatro voces). Si puedes pasar sin el teclado, la gama de unidades en rack Studio Electronics Omega CODE ofrece un sonido parecido.

La fenomenal emulación software CS-80V de Arturia

La fenomenal emulación software CS-80V de Arturia

¿Veremos alguna vez un nuevo Yamaha CS-80?

Como CS-80 está universalmente aceptado como uno de los dos o tres sintes más deseados de todos los tiempos, eso hace surgir la duda de si Yamaha podría crear una nueva versión, al igual que Moog ha resucitado el concepto Minimoog con las unidades Voyager y Little Phatty o Korg lo hizo con MS-20 mini o Kit.

Ignorando el hecho de que Yamaha no ha sacado un nuevo sintetizador analógico desde la salida del modelo CS-01 mkII en 1984, no hay duda de que una compañía con sus enormes recursos podría volver a crear un producto similar. La tecnología requerida para construir circuitos de oscilador, filtro y VCA similares (si no idénticos) está disponible. Una versión del siglo XXI del modelo Yamaha CS-80 podría ser más apetecible que el original, pues la moderna tecnología de montaje superficial facilitaría que un sinte con las mismas y potentes opciones fuese mucho más portátil. Y sería fácil añadirle afinación automática, y rasgos modernos como una implementación de control MIDI y memoria para patches.

Sin embargo, la mejor noticia sería el precio. En el mercado actual, un precio razonable para un sinte del calibre del modelo Yamaha CS-80 superaría los 5.000 euros. No sólo es un precio más asequible que a finales de los 70, sino que sería mucho más barato que los precios de segunda mano de una unidad original. Con todo, hay que admitir que la cuota de mercado para un sinte tan caro es bastante reducida. Las pocas personas que estarían dispuestas a gastarse tal suma de dinero seguro que se centrarían más en el mercado de los productos clásicos. Por eso, la posibilidad de que Yamaha haga ese enorme esfuerzo para crear un producto tan especializado parece muy pequeña.

Hasta que los consumidores demuestren estar dispuestos a pagar esos megaprecios por un megasinte, los fabricantes no se arriesgarán. Nunca debemos descartar el regreso completo del exceso analógico-polifónico, pero es poco probable que volvamos a verlo.

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