Este experimento científico acaba sonando de una forma familiar para los amantes de la música electrónica. Casi se diría que ahí, dentro de esa botella repleta de alcohol isopropílico, tuviesen escondido un auténtico Theremin.

Todo tiene que ver con la rápida combustión de un material tan inflamable como el alcohol, combinado con la succión creciente de oxígeno a medida que las llamas descienden hacia la base del recipiente. Evidentemente, el diámetro de la boquilla de la botella define el rango tonal del sonido generado.

El sonido no deja de ser de lo más curioso, y quizá nunca antes fuese aprovechado por un fooley o diseñador sonoro. En cualquier casi, ahí lo tienes: ¡un tono inesperado de subidón procedente de una suerte de Theremin alcoholizado!

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