Los pianos añaden un sonido rico, cálido y dinámico. Y bien tocados, producen un timbre capaz de evocar colores e imágenes. No extraña, pues, que sean usados en multitud de bandas sonoras. Con nuestros consejos, potenciarás esas cuerdas percutidas y alcanzarás el corazón de tus oyentes…

Toma tres acordes que evoquen tristeza (en tonalidad menor, quizá), y dirige el sonido a un bus, sobre el que aplicarás una reverb long-hall. Captura el canal de reverb sobre un archivo de audio –usa el botón solo de tu mezclador físico o virtual–. Ahora colócalo en una pista de audio dedicada, y trocéalo haciendo que cada cola de reverb siga al acorde que la generó. Usa un editor de audio para invertir cada uno de los fragmentos. Al pulsar play (recuerda desactivar el solo), el final de cada acorde sonará como “chupado” por el efecto.
Afina los puntos inicial y final de cada muestra, cuadrando el resultado. Nosotros empleamos un leve delay para compactar el conjunto, y alternamos las colas entre los altavoces izquierdo y derecho. ¡No nos digas que no suena conmovedor!

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