En la elaboración de la mayoría de discos –hayan tenido éxito o hayan sido un total fracaso– se recurre a una serie de encaminamientos “ortodoxos” para las señales de audio. La explicación es sencilla: si conectas algo de una forma indebida, quizá no funcione. Pero otras muchas obras maestras de la música apuestan por la regla contraria…

Al escuchar bastantes producciones modernas nos suele embargar un sentido de perfección poco natural, de “esterilidad acústica” por así decirlo. ¿Nunca te ha sucedido? Esperas con ansia el último lanzamiento de tu artista o grupo favorito, te sientas en el sofá con una bebida en la mano, dispuesto para el disfrute… y, de repente, te ves trasladado a una especie de sala de autopsias iluminada por mil tubos fluorescentes. Baterías prístinas, bajos relucientes, sintes “sin una mota de polvo”… y una mezcla tan impecable y educada que hasta huele a sala de dentista. ¡Cómo añoramos algo de naturalidad, de experimentación, y sobre todo de transgresión!

Considera el caso de The Beatles. Les costó bastante esfuerzo distanciarse de la filosofía de laboratorio imperante en los estudios Abbey Road. Según la “guía de estilo” de aquel entonces, los ingenieros de grabación y mezcla debían parecerse a tu antigua profesora de primaria (la única diferencia es que llevaban un cable patch en el bolsillo de la bata blanca en lugar de un boli, o que las manchas eran de óxido de cinta y no de tiza). Peor les iba a quienes transportaban grabadoras, consolas e instrumentos entre una y otra sala –iban vestidos con los mismos tonos grisáceos o marrones de un empleado de almacén. No te extrañe que a Lennon se le hinchasen los morros y solicitase el envío de su voz a través de un altavoz giratorio Leslie para órgano –¡la otra opción que propuso era que lo suspendiesen del techo boca abajo, para que su cabeza oscilase en torno al micro!

Según la “guía de estilo” de Abbey Road, los ingenieros debían parecerse a tu antigua profesora -no te extrañe que a Lennon se le hinchasen los morros y solicitase el envío de su voz a través de un altavoz giratorio Leslie

A lo que vamos: la tecnología y las normas estándar para la grabación en estudio no deberían ir en detrimento de la espontaneidad ni de esa ingenuidad creativa que se manifiesta en la pregunta: “¿y qué tal si…?” (rellena tú los puntos suspensivos).

Rutas creativas

Buena parte de esa energía imponderable provendrá de encaminamientos alternativos con los que volcarás sensaciones nuevas y refrescantes sobre tus arreglos. Aprovecha esos trucos que los ingenieros famosos han ido recolectando con el transcurso del tiempo, o idea tus propias estratagemas.

Si eres capaz de moverte rápido dentro de cualquier sesión, despejarás el camino por el que transita el audio “políticamente incorrecto”. Usa combinaciones de teclado que asignen plantillas del mezclador, y agilizarás la evaluación de tus opciones, aunque a veces se generen encaminamientos descabellados. No explores tus locuras sin más: diseña un plan de experimentos y evitarás pérdidas de tiempo así como demasiados enredos con los cables.

Ingeniería inversa

¿Necesitas un primer truco que ejemplifique estas ideas? Si dispones de un viejo par de monitores, emplea el cono a modo de micrófono para el bombo de tu batería. Los Yamaha NS10 se prestan mucho a ello, sobre todo si acabas de arrinconarlos en favor de unos biamplificados de último modelo. El principio físico es el mismo que hacía que generasen ondas durante su vida útil, sólo que tomado a la inversa. Ten en cuenta, no obstante, que no capturarán frecuencias demasiado agudas, ¡pero siempre podrías usar los tweeters!

Esto nos sugiere un truco para separar los golpes de caja respecto de sus resonancias: haz que el batería ejecute su ritmo con los anillos ruidosos desmontados, y elimina los residuos de bombo, timbales y platos con una puerta de ruido sobre el canal de caja recién grabado. Vuelve a montar la caja como es debido, y reproduce dicho canal a través de un ampli y el cono del NS10 (que apunte a la caja, por encima y a pocos centímetros). Captura el resultado y ¡voilà! –ya tienes las componentes de golpe y resonancia en pistas separadas, y podrás balancearlas de un modo más preciso.

¿Quieres un primer truco de «ingeniería inversa»? Usa el cono de un viejo monitor como micrófono para el bombo de tu batería. Los Yamaha NS10 se prestan mucho a ello…

La inversión del sentido en las rutas de señal no es una idea tan sádica como parece. Muchos componentes electrónicos pasivos admiten tales herejías. Prueba el mismo truco del “altavoz que hace de micrófono” con tus auriculares: suelen servir como mini-micros estéreo para configuraciones de ambiente frente a baterías y amplis de guitarra.

Los micros con cápsula de cristal están pasados de moda –tanto que una cápsula nueva valdrá a lo sumo un par de euros–, así que se prestan a todo tipo de travesuras. Suspéndelos de su cable y colúmpialos para aprovechar su peculiar sonido (cosa que jamás harías con un Neumann U87) o somételos a todo tipo de trastadas.

Las cajas de inyección DI yacen cubiertas de polvo en bastantes estudios, y más en estos tiempos en los que la grabación vía ampli es mucho más popular que la entrada directa de bajos y guitarras al mezclador. Si es una caja pasiva, contendrá un bobinado primario de alta impedancia y otro secundario con poca resistencia de salida. Su función habitual es la conexión de los instrumentos mencionados a bastante distancia en sistemas de PA. Pero, ¿y si envías la salida de uno de estos dispositivos hacia la salida de otro? En teoría, tienes una transformación que se anula a sí misma. Pero las impedancias no perdonan, y esto nos sugiere varias ideas… entre las cuales se encuentra el desvío de micros de batería hacia amplis sin miedo a fundirlos, o una curiosa e imprevisible alteración de las frecuencias en la salida de teclados y sintetizadores.

Decisión dinámica

Un dilema que todos nos hemos planteado alguna vez es si los ajustes de EQ deben preceder a los procesos dinámicos como la compresión, o aplicarse a continuación de ellos.

Desde un punto de vista técnico, si en una cadena de EQ seguida de compresión ambos procesadores se mantienen en su estado inactivo (o bypass), no debería oírse una diferencia en la señal, pero en realidad, todo circuito (electrónico o emulado mediante plug-ins) afecta de manera sutil al audio entrante, aunque no le aplique ningún procesamiento explícito. En cualquier caso, si el orden relativo entre EQ y compresor se invierte, apenas apreciarás el cambio. Mas cuando la EQ esté activa, inducirá una diferencia apreciable en el comportamiento del compresor, si éste va a continuación. Las frecuencias reforzadas acaparan el control dinámico –el compresor tomará sus decisiones basándose en el componente que más predomine.

Aunque esta sea la “posición estándar”, podría aportar un toque creativo en tus mezclas haciendo que un determinado timbre destaque más en cierta zona del espectro audible, y arrastre con él al resto de elementos. Además, esta configuración es la base de la técnica de-essing, o el ducking para la reducción del nivel en la música de fondo cuando suena una voz: imprescindible para las emisiones de radio y los podcasts.

Cuando el compresor se antepone a la EQ, dispones de un mayor control sobre el resultado final una vez ajustado en dinámica, pero recuerda que ello desvirtuará en más de un caso el nivel de pico máximo en tu música. No se aconseja, pues, como truco final para tu bus maestro de salida.

Técnicas sidechain

La utilización de entradas y rutas sidechain para la modulación de los procesadores de dinámica y efecto es una técnica que hemos discutido con bastante frecuencia en FM. Como recordarás, la idea es que una señal se inyecte en una entrada lateral de un módulo y controle su acción, lo que abre un abanico de posibilidades creativas. Éstas van desde una succión dinámica gobernada por el bombo de la batería, hasta el tamizado de armonías vocales, pasando por la modificación selectiva de ambientes o reverbs a partir de tomas instrumentales con micrófonos de cercanía.

Considera el uso de puertas de ruido de formas poco usuales: estos procesadores suelen incluir una ruta sidechain que se presta a procesamientos menos ortodoxos

En la mayoría de estas aplicaciones se lleva a cabo una discriminación de frecuencias sobre la entrada sidechain, como en un de-esser. Todo se basa en la “exageración” del elemento que deseamos que dispare la compresión, lo cual nos sugiere de inmediato bastantes atajos que se podrían aprovechar para potenciar la creatividad en tu música. Por ejemplo: refuerza hasta lo sumo una determinada componente (tal vez con filtros de gran pendiente, cuya frecuencia de corte podrías ir modulando en tiempo real para mayor “morbo”), y obtendrás variaciones dinámicas interesantes. Considera también el empleo de puertas de ruido en modos poco usuales: son procesadores que suelen incluir una ruta sidechain para aplicaciones “serias”, lo cual aprovecharás como el germen de procesamientos menos ortodoxos.

Retardos, fases…

Lo sabemos: los delays rozan el colmo de la simplicidad. Pero ¿qué nos dices del sinfín de aplicaciones de tan modesta técnica? Los trucos que emplean dicho proceso se integran con mucha más facilidad en una mezcla que los excesos creativos con la reverb, por poner un caso. Muchos productores incluso se dejan de algoritmos ultra-realistas para los ambientes y se apañan con un sencillo retardo para esa espaciosidad extra sobre voces e instrumentos acústicos.

Los delays se te empiezan a ir de las manos –creativamente hablando– cuando se realimentan. Muchos plugs y multiefectos hardware disponen de una ruta específica para eso, pero ¿no será mejor proporcionarles nuestro propio camino de feedback?

Un truco básico que mejora los retardos es la inclusión de cambios en el panorama L-R de las repeticiones. Con un módulo de “ensanchamiento” estéreo en una ruta personalizada que vuelve a alimentar el delay, no tardarás mucho en desquiciar (en el buen sentido) a tus oyentes. Otra posibilidad es que inviertas la fase del feedback, la ecualices, le metas un chorus o le apliques un filtrado con modulación como sugeríamos para los sidechains.

Los phasers, flangers e incluso los chorus se definen como variaciones más o menos enrevesadas de los delays. Por consiguiente, realimentándolos también obtendrás texturas endiablabas. Aunque un ingeniero te diga que no tiene sentido realimentar un phaser, ¡probándolo no pierdes nada!

…¡y distorsión!

Cuando se habla de manipulación sonora sin cortapisas, muchos ingenieros y productores recomiendan el uso de pedales de guitarra a modo de “edulcorantes” para tus señales. Los pedales de distorsión se aprecian cuando uno anda detrás de algo realmente creativo, y funcionan bien incluso como inserciones si tu secuenciador permite el establecimiento de rutas de E/S externa. Y hay accesorios específicos, como Little Labs RedEye, que proporcionan caminos de “degradación” sonora a través de etapas con una impedancia óptima para su uso con ordenadores.

No descartes la saturación de la cinta analógica –pocos lectores tendrán una grabadora de bobina, pero hay plug-ins que recrean los efectos de dicho medio de grabación

Los previos de micro, si son de suficiente calidad, admiten una saturación bastante progresiva y suave, aprovechable cuando planteas algún encaminamiento alternativo para teclados o colecciones de samples. Por otra parte, bastantes consolas de gama media-baja (una Mackie, por ejemplo) añaden un crujido interesante cuando se fuerzan sus controles.

Tampoco descartes la saturación procedente de una cinta analógica –sabemos que no todos los lectores tendrán acceso a una grabadora decente de bobina (en formato de una pulgada o mayor), pero hay muchos plug-ins que recrean los beneficiosos efectos asociados a dicho medio de grabación. ¡Aprovéchalos a la primera de cambio! Incluso si no dispones de uno de esos armatostes, seguro que guardas por ahí algún radiocasete antiguo (vendrá perfecto para una blasfemia sónica ocasional).

Hay por ahí tantas combinaciones de previos, amplis, pedales y EQ selectiva, que realmente no cabe excusa ninguna para no intentar alguna “locura” con tus señales, aunque sólo sea de tarde en tarde.

En definitiva

El routing del audio no debería ser una cuestión dogmática. Somete tus ideas preconcebidas a un análisis distinto del usual y darás en poco tiempo con antídotos excelentes contra el aburrimiento y la desidia en tus sonidos o mezclas. Aunque a veces sientas que pierdes mucho tiempo experimentando, ¡merecerá la pena!

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