¿Afectan los factores psicológicos al modo cómo interpretamos los sonidos? Adéntrate con nosotros en el oscuro mundo de la psicoacústica…

Aunque quizá no te des cuenta, la forma en que percibes los sonidos se ve seriamente afectada por varios efectos psicológicos que entran en el campo de la psicoacústica. Nuestra audición no es tan clara como podrías imaginar, y hay varios fenómenos psicoacústicos que pueden afectar de forma dramática el modo en el que respondemos a los sonidos que oímos.

En este post consideramos tres características muy importantes del audio: frecuencia, volumen y timing. Así, aprenderás cómo responde el oído humano al sonido y cómo tu percepción se ve afectada por sutiles variables.

Igual sensación sonora

Nuestra manera de percibir el volumen de los sonidos es crítica para varios procesos de estudio. La respuesta en frecuencia de nuestro oído no es lineal, es decir, percibimos unos sonidos más altos que otros a pesar de que todos posean el mismo nivel de presión sonora. El rango de frecuencias audibles para el oído humano está entre 20Hz y 20kHz –aunque varía en base a cada individuo– pero el oído es especialmente sensible a los sonidos entre 2 y 4kHz. En el diagrama inferior se ven curvas de igual sensación sonora, donde se aprecia que son necesarios incrementos significativos en el nivel de presión sonora para que las frecuencias altas y bajas se perciban al mismo volumen que las de rango medio.

Curvas de igual sonoridad establecidas por Munson y Fletcher en 1930

Curvas de igual sonoridad establecidas por Munson y Fletcher en 1930

Además, el ámbito de 2-4kHz es el típico rango de frecuencias de la voz humana al hablar y del sonido de un niño que llora –el oído se centra en los sonidos más importantes que oye. Es importante saber que la percepción del volumen de las diferentes frecuencias cambia de forma significativa dependiendo de los niveles. A un volumen bajo, las frecuencias altas y bajas parecen ser más suaves en que las medias. Todo el que tenga un equipo antiguo de alta fidelidad recordará el antiguo botón ‘loudness’ que realzaba las frecuencias altas/ bajas a volúmenes bajos para compensar esta discrepancia.

Este fenómeno habitual en psicoacústica explica por qué tus mezclas suenan de forma diferente al bajar o subir el volumen. Uno de los errores más comunes al mezclar es monitorizar con un volumen alto y empujar todos los elementos de rango medio hacia arriba, pues eso hace que suenen desequilibrados cuando se escuchan a un volumen más bajo. La solución clásica es mezclar a volumen bajo, sobre todo al equilibrar los niveles relativos de las voces y demás elementos cruciales de rango medio.

Dicho esto, también es lógico que revises tu mezcla a un volúmen alto si se trata de música destinada a clubes, donde sin duda se escuchará así. Sea como sea, adoptar un enfoque concreto y ser fiel a él es la mejor apuesta para crear mezclas consistentes.

Psicoacústica y aquello que no oímos

En términos de psicoacústica es necesario considerar el efecto de las frecuencias que hay fuera del rango audible. No podemos oír las frecuencias subsónicas o hipersónicas, pero tampoco pasarlas por alto. En particular, el peso de las frecuencias subsónicas afecta mucho a cómo sentimos la música.

Para que te hagas una idea sobre cómo funciona esto, elige un tema que tenga muchos subgraves y que conozcas bien. Escúchalo mientras todo el tema pasa por un agudo filtro paso-alto ajustado a unos 80Hz y baja poco a poco la frecuencia del filtro. Conforme reduzcas la frecuencia, verás que hay un punto en el que están presentes todas las frecuencias fundamentales, pero el tema carece de peso y físicamente no te impacta tanto como antes.

Aunque casi nadie es capaz de oír sonidos por encima de 20kHz –y muchos tenemos problemas cerca de 14-16kHz– diferentes estudios sugieren que los seres humanos perciben la música de forma diferente cuando hay frecuencias hipersónicas involucradas. Ése es uno de los problemas que algunos críticos versados en psicoacústica achacan al formato Red Book para CDs de audio, dado que sólo reproduce sonidos hasta la frecuencia de Nyquist de 22,05kHz. Sólo porque estén fuera del rango audible, no debemos olvidarnos de ellas.

El volumen importa

Los estudios científicos demuestran que los oyentes perciben las versiones más altas de una grabación con un sonido subjetivamente mejor que el de versiones a menor volumen de la misma forma de onda. Esto es algo muy significativo para los músicos.

Se deduce que si oímos las mezclas a un volumen mayor, creeremos que suenan mejor, en términos de psicoacústica. En un contexto de producción y mezcla, la tentación de subir el volumen para que el tema suene mejor es muy fuerte, pero los efectos son indeseables e influyen sobre nuestra respuesta subjetiva a los sonidos. No sólo los sonidos más fuertes se perciben como mejores, sino que nuestra percepción del tono se ve seriamente afectada por el volumen.

Los efectos son más extremos en los límites de nuestro rango auditivo, y eso hace que las notas graves suenen más graves cuando las reproduces a un volumen elevado y las notas agudas suenen más agudas. Eso puede ser problemático al afinar instrumentos y ajustar el tono de la voz: no tomes decisiones sobre tu mezcla a volúmenes excesivos.

El efecto subjetivo ‘cuanto más alto mejor’ afecta a nuestra capacidad de juicio…

Sin embargo, la consecuencia más significativa para la mayoría de nosotros tiene lugar antes del proceso final de mezcla, y se relaciona muy de cerca con la producción y el diseño de sonidos. Cuando sintetizas sonidos, escoges muestras y aplicas procesadores de efectos a una pista, a menudo comparas entre dos versiones de una pista a volúmenes diferentes, y aquí es donde el efecto subjetivo “cuanto más alto mejor” afecta a nuestra capacidad de juicio.

Hay efectos –desde compresores con una ganancia de compensación mal ajustada a plugins de overdrive– que producen cambios de volumen en las señales y es muy fácil equivocarse al pensar que un efecto mejora el sonido sólo porque sube el volumen. Si añades efectos, equilibra con cuidado los ajustes de ganancia y usa el botón ‘bypass’ para no engañar a tus oídos –lo ideal es que escuches ambas versiones al mismo volumen.

Cuestión de tiempo

El momento en el que escuchamos las señales afecta mucho nuestra percepción de su posición en un espacio 3D. Como las ondas sonoras tardan en viajar desde su origen a tus oídos, retrasar un elemento (en base a los demás) crea la ilusión de que su origen se aleja de ti. Es muy fácil experimentar con delays para comprender este fenómeno. Como el sonido viaja rápido, sólo necesitas diferencias de tiempo muy pequeñas para apreciar el efecto.

La velocidad a la que viajan las ondas sonoras por el aire depende de la presión barométrica, la temperatura y la humedad medioambiental, aunque para facilitar tu comprensión, la aproximaremos a unos 30cm por milisegundo. Añade un plugin de delay a un elemento de tu mezcla ajustado a 100% ‘wet’ (todo señal procesada), y sube el tiempo de delay de forma gradual. Un delay de 10ms basta para oír cómo el sonido se retrasa respecto de los otros elementos de la mezcla.

Hay otros aspectos aparte del tiempo que afectan a la posición en el espacio 3D –en especial la localización del sonido a izquierda o derecha. El sonido estéreo es un fenómeno de psicoacústica en sí mismo pues engaña a los oídos haciéndoles creer que oyen una verdadera imagen sonora a izquierda y derecha.

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El medio ambiente afecta a las frecuencias de los sonidos. El ladrido de un perro oído a medio kilómetro de distancia no es simplemente una versión retrasada de la forma de onda que oirías junto a ese perro. Es un sonido más atenuado, pero también con rasgos tonales diferentes por la difusión del sonido en el espacio.

Dejemos de lado por ahora el tema del eco. El sonido parece perder parte de sus altas frecuencias conforme viaja a través del espacio hacia nosotros. Como las altas frecuencias quedan difuminadas, si eliminas los agudos de una pista que tenga delay con un filtro paso-bajo recrearás mejor el efecto de un sonido lejano. Los ecos también son cruciales en la manera en que percibimos los sonidos. La mayoría de los entornos naturales imparte algún tipo de eco y reverberación a los sonidos, y nuestros oídos son muy buenos decodificando el entorno acústico del que provienen estos sonidos.

A un nivel muy obvio, un sonido grabado en una gran sala de conciertos tendrá un perfil sonoro diferente al grabado en un pequeño club. El tiempo de decaimiento de la reverb y el retardo entre el sonido original y sus primeras reflexiones son dos de las características más importantes de la reverberación, y nuestro oído usa esa información para calcular el tamaño y la forma del espacio 3D por el que viajan los sonidos que oímos.

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La reverberación es vital para que el cerebro perciba tu localización espacial

Buscando soluciones

Aunque sólo hemos cubierto una pequeña fracción de los muchos tipos de fenómenos que existen en la psicoacústica, quizá te preguntes cómo tenerlos en cuenta a la hora de trabajar. Con tantas variables interrelacionadas, ¿será muy difícil hacerlo? La buena noticia es que seguramente ya estás compensando esos problemas.

Por ejemplo, gracias a tus oídos «usas» curvas de igual sensación sonora cuando creas música. Los productores también compensan de forma instintiva las discrepancias en el tiempo, así como los desplazamientos sutiles en el equilibrio de frecuencias y la imagen 3D. La mayor lección práctica para ti es que la consistencia es esencial. Si te preguntabas por qué tu mezcla sonaba bien a un volumen elevado, pero las voces se ahogaban cuando lo bajabas, o si no sabías por qué tu tema no tenía profundidad 3D, la psicoacústica te ayudará a comprenderlo.

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