Las voces hablada y cantada implican que tanto la laringe como las cuerdas vocales modulen el flujo de aire a medida que se expulsa de los pulmones. Pero la articulación de ambos tipos de voz, procede de partes diferentes de nuestro cerebro.

«Si nos encontramos hablando, el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro es determinante, y esa parte controla la formación de las palabras y la estructura de las frases», comenta el doctor Gerald Brookes, un cirujano y especialista en Voz y Habla de la clínica Harley Street ENT (Londres, Reino Unido). «Pero cuando cantamos, es el hemisferio derecho el que importa para generar el ritmo y la melodía de la música«, concluye Brookes.

Por extensión, cuando alguien padece algún impedimento o defecto del habla, podría verse liberado cuando cantase, ya que entonces el individuo estaría usando una parte diferente de su cerebro. Lo mismo se aplica al acento regional, que resulta menos notorio ante los oídos de un público procedente de diferentes zonas del mismo país al que pertenece el solista.

El hecho de cantar parece algo sencillo, pero en realidad se trata de una actividad fisiológica enormemente compleja que provee un magnífico ejemplo de nuestra evolución natural. De hecho, se requieren años de práctica para alcanzar la fortaleza y destreza muscular necesarias que permiten a un cantante modular y expresar con su voz aquello que desea.

No es exagerado comparar los desarrollados músculos de la laringe de un cantante consumado con los impresionantes motores musculares de un atleta olímpico: ambos se han dedicado con todo su esfuerzo a conseguirlos. Pero, como músico, el cantante gana por una manga -también ha ejercitado y perfeccionado su oído durante esos años de entrenamiento.

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