Un estudio científico revela que nuestras preferencias musicales tienen un origen cultural -han comparado el gusto musical de una remota aldea de Amazonas frente al de Occidente

Nuestro gusto musical podría tener más que ver con la cultura que nos rodea que con nuestros mecanismos cerebrales. Si bien la Ciencia consideraba que nuestras preferencias musicales estaban enraizadas en el cerebro, un nuevo estudio de una remota sociedad amazónica sugiere que los gustos musicales tienen un origen cultural.

Esta investigación concluye que la preferencia por los sonidos consonánticos -que incluyen la combinación de notas en los acordes clásicos de DO y SOL, típicos de la música pop– “varía según los países y es más fuerte en las culturas occidentales”, nos comenta Josh McDermott, docente asistente sobre Cerebro y Ciencias Cognitivas en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, que además es el autor principal del estudio.

“La preferencia por la consonancia depende de cómo estamos expuestos ante determinados tipos de música, probablemente aquellos que presentan armonía en la que algunas combinaciones de notas se priorizan sobre otros”, añade McDermott. “Si [el gusto musical] estuviese ‘cableado’ en nuestro cerebro, no se esperaría una variación cultural tan dramática, sino que todos los individuos tendrían una preferencia robusta”.

Sensaciones enfrentadas de placer auditivo

Para llevar a cabo el estudio, publicado en la revista Nature de Marzo de 2017, McDermott y sus colegas viajaron a la selva amazónica en el noroeste rural de Bolivia, donde se encuentra la aldea Tsimane. Como cabe imaginar, este pueblo tiene un acceso limitado al mundo exterior. Los investigadores solicitaron a más de 100 participantes en el estudio que evaluaran la sensación de placer ante varios sonidos. Algunos de los sonidos eran combinaciones de notas que forman un acorde consonante, y algunos otros ocasionaban acordes disonantes -dichos sonidos se pueden escuchar en el vídeo superior de esta noticia.

El experimento de acordes puso a los de Tsimane en contraste con los occidentales…

Al mismo tiempo, los investigadores también ejecutaron una serie de experimentos de control no relacionados, para así asegurarse de que los participantes del estudio comprendiesen la tarea de escuchar. Los mismos experimentos se realizaron, además, sobre una cantidad equivalente de oyentes occidentales. Por citar un ejemplo, uno de los experimentos realizados en el proceso consistía en pedir a los participantes que escuchasen exclamaciones de risa y jadeos de miedo. Similares en gusto a los occidentales, los oriundos de Tsimane calificaron a la risa como agradable y los jadeos como desagradables.

El experimento de acordes, sin embargo, puso a los de Tsimane en contraste con los occidentales, que calificaron los sonidos consonantes como agradables y los sonidos disonantes como desagradables: el oído generalizado en Tsimane clasificó ambas clases de sonidos como agradables por igual.

El profesor Ricardo Godoy (Brandeis University) en un momento del estudio con un habitante de una región remota de la selva Boliviana

El profesor Ricardo Godoy (Brandeis University) en un momento del estudio con un habitante de una región remota de la selva Boliviana

Según el juicio de los oídos occidentales, los acordes disonantes tienden a sonar como chocantes y así parecen más oprimidos o tensos, mientras que los acordes consonánticos se presentan más armónicos y optimistas. “Cuando realizamos el estudio, me di cuenta de que las preferencias de consonancia incluso entre los occidentales, varían de una forma considerable, resultando más fuertes en las personas que tocan o tocaban un instrumento musical“, asegura Josh McDermott. “Así que supe que la preferencia podría al menos estar modulada por la experiencia“. Sin embargo, fue sorprendente descubrir el grado de variación entre las diferentes culturas”.

Los nuevos hallazgos subrayan la importancia de examinar varias culturas en todo el mundo y sus preferencias para comprender plenamente el arte de la música…

Una oportunidad de estudio que se agota

Por su parte, Sandra Trehub -profesora emérita de Psicología de la Universidad de Toronto-Mississauga– asegura que los nuevos hallazgos cambian nuestra comprensión de las preferencias estéticas en la música. “Si tuviésemos una preferencia innata por la consonancia, entonces la gente en muchas culturas -por ejemplo, músicos balineses que sintonizan pares de instrumentos para generar disonancia cuando se tocan juntos, o cantantes de ganga tradicionales en la zona rural de Croacia que interpretan melodías de un semitono en sus duetos- tendría que superar un desdén innato por la disonancia“, comenta la profesora Trehub, que no participó en el estudio. “Y su audiencia también, por supuesto”.

Sandra Trehub que ha estudiado la relación entre los bebés y la música, señaló que incluso cuando somos bebés, tendemos a preferir la música y los sonidos con los que estamos más familiarizados. Así que “los nuevos hallazgos subrayan la importancia de examinar varias culturas en todo el mundo y sus preferencias para comprender plenamente el arte de la música”, subraya McDermott. “Necesitamos aceptar y documentar las diferencias sobre cómo otras culturas oyen el mundo”, dijo. “Las oportunidades para hacerlo están disminuyendo rápidamente con la difusión de la música occidental en el Planeta, y creo que deberíamos aprovechar la oportunidad de hacer todo lo que podamos antes de que se cierre la ventana”.

Publicación original del estudio | MIT News