«Seguir las reglas puede mantenerte alejado de problemas, pero nunca algo trascendental fue desarrollado por ceñirse a las reglas…». La filosofía iconoclasta de Electro-Harmonix llevó a su fundador Mike Matthews hasta la cima del éxito…

Sesión especial de pedales Electro-Harmonix con Paulo Morete de Absenci e InMune: Jueves, 11 de Marzo, 19:30h hora española (CET) en streaming desde FutureMusic media[LAB]

Desde sus inicios, hace ya más de medio siglo, Electro-Harmonix ha liderado el camino como una compañía innovadora en el mundo de la música. Su fundador, Mike Matthews, no pretendía convertirse en una influencia mundial, pues tan sólo pretendía romper barreras y permitir una libertad de sonido. De ese modo, la marca sentó sus bases para propiciar un cambio que, mucho tiempo después, aún continúa generando innovaciones.

Y es que, por ejemplo, la distorsión overdrive, algo que hoy damos por sentado, no existía en la música amplificada en vivo –de hecho trataban de evitar cualquier distorsión. Por entonces, los amplificadores habían sido diseñados para limitar la capacidad de «explorar sonidos fuera de los límites convencionales»… Pero desde sus comienzos, Electro-Harmonix trató de ofrecer a los músicos la libertad de experimentar; una libertad para probar cosas nuevas y acceder a un amplio espectro de sonidos. La libertad para crear sin limitaciones, la libertad del sonido.

Los comienzos de Electro-Harmonix, desde 1941 hasta 1967

No es posible relatar la historia de Electro-Harmonix sin compartir también la historia de la vida de Mike Matthews. Están entrelazadas y forman parte de un mismo guion.

De niño, Mike tenía un tenaz espíritu emprendedor. En sus propias palabras, «Desde que tenía cinco años, siempre supe que quería montar mi propio negocio. Crecí en el Bronx (Nueva York, EUA) en los años cuarenta. Solía sacar pelotas de las alcantarillas con perchas y las vendía. Compré el inventario de un tipo que había estado fabricando prismáticos durante la Segunda Guerra Mundial, y lo vendí en el instituto, generando al mismo tiempo una gran moda con los prismas. Veías arco iris por toda la escuela, y los profesores no sabían de dónde venían. Y cuando iba a un campamento y los niños jugaban al golf, yo estaba en el estanque buscando pelotas de golf para venderlas».

Mike Matthew, fundador de Electro-Harmonix, en su juventud

«En cuanto a la música, cuando era muy joven mi madre me dio clases de piano. Tenía cinco años. Un año más tarde, tuve un profesor de música clásica. Y a los siete años, empecé a dar conciertos en la escuela primaria. En cuarto grado era muy travieso y me subía a las vigas del aula. Para castigarme, el profesor canceló mi próximo concierto, así que me enfadé y dejé de tocar. Pero en el instituto, cuando el rock and roll empezaba a evolucionar, empecé a participar en el boogie-woogie al piano y se me daba bastante bien».

«En la universidad de Cornell, vi mi primer concierto en directo, un grupo de R&B llamado Sawyer Brothers. Desplegaban un sonido increíblemente funky que me influyó mucho. Formé una banda y toqué un órgano Hammond M3 y un piano eléctrico Wurlitzer al estilo R&B de los Sawyer Brothers. Me aficioné a la música y contrataba todos nuestros conciertos. Mientras estaba en la universidad, y en verano en Long Island, también promocionaba grupos de rock and roll. Contraté a The Coasters, The Isley Brothers, The Drifters, The Rascals, The Byrds, The Lovin’ Spoonful, y docenas más».

Mike se graduó en Cornell, la misma universidad donde impartía clases el célebre científico Carl Sagan, con una licenciatura y un máster en Ingeniería Eléctrica, además de un MBA en Dirección de Empresas. Luego trabajó en IBM como vendedor de ordenadores, allá por 1965, aunque siguió promocionando conciertos. Y uno de esos conciertos tuvo como protagonista a un joven guitarrista que más tarde alcanzaría el estrellato a escala mundial…

El procesamiento creativo de EHX, siempre creando nuevas sendas

La pasión musical puso a Matthew en la senda de Jimmy

Como recuerda Mike, «me hice buen amigo de Jimmy James, que finalmente usó el nombre de Jimi Hendrix. Y así es como sucedió: «Durante el verano del 65 contraté a Chuck Berry en el Highway Inn de Freeport, Long Island, por 1.000 dólares la noche durante dos noches, y tuve que conseguir la banda de acompañamiento. El promotor que me lo vendió me llamó una semana antes del concierto y me rogó que contratase a esta otra banda, Curtis Knight And The Squires. Dijo que tenían un guitarrista increíble que tocaba con los dientes. Pero yo no quería hacer esta inversión porque la gente venía a ver a Chuck Berry. El agente pedía 600 dólares por tres noches, y luego dijo que podría tenerlos por 500 dólares, así que finalmente acepté pensando que me debía un favor. Hice que Chuck Berry fuera el primero porque no tenía ni idea de cómo sonaba la banda de Curtis. Estaba contando el dinero de la actuación cuando Steve Knapp, el guitarrista de la banda que había montado para respaldar a Berry, vino corriendo y me dijo ‘¡Oye, tienes que ver a este tipo tocando la guitarra!’. Era Jimmy James. Tenía un estilo R&B muy fluido en ese momento, y nos llevamos bien».

«Empecé a quedar con Jimmy James durante mis descansos de almuerzo en IBM. Vivía en un hotel de mala muerte en Times Square sin baño. Sólo había una cama y nada más. Teníamos charlas de bandas sobre este o aquel artista. Y una noche, Curtis Knight And The Squires estaban tocando en un club del lado oeste y, en el descanso, Jimmy me dijo que quería dejarlo y tener su propia banda y ser cabeza de cartel. Le dije: ‘Si haces eso, tendrás que cantar’. Él dijo, ‘Lo sé. Ese es el problema… ¡No puedo cantar!’. Y le dije, ‘Bueno, si trabajas en ello, puedes hacerlo. Mira a Mick Jagger, a Bob Dylan… Ellos no cantan en realidad, sólo frasean cosas, y son geniales’. Me dijo, ‘Sí, tienes razón’. Y creo que mi estímulo le ayudó a cantar. Tenía ese mismo estilo de fraseo conmovedor. Más tarde, cuando triunfó como Jimi Hendrix y regresó a Nueva York para grabar, siempre me invitaba a sus sesiones de grabación para pasar el rato y conocer el proceso».

«Cuando todavía estaba en IBM, me entraron ganas de dejarlo y salir a tocar con una banda a tiempo completo. En aquella época, Satisfaction, con la línea de guitarra de tono fuzz de Keith Richards, era el número 1 más largo de todos los tiempos; Maestro no podía fabricar sus pedales fuzz lo suficientemente rápido. Todas las tiendas de música de Nueva York estaban en la calle 48 Oeste y allí había un reparador llamado Bill Berko que fabricaba tonos fuzz de uno en uno. Me dijo: ‘Oye Mike, ¿por qué no vienes conmigo? Podremos hacerlos mucho más rápido’. En ese momento yo estaba casado y mi esposa era un poco conservadora. Quería hacer algo de dinero rápido para decir: ‘Aquí tienes veinticinco mil dólares, voy a salir a tocar y tienes un poco de seguridad’. Dije, ‘Vale’. Pensé que ganaría lo suficiente para dejar IBM y salir a la carretera. Pero resulta que no hizo ningún trabajo, y acabé haciéndolo yo mismo con un contratista en Long Island City. Al Dronge, el fundador de Guild Guitars, quería comprarlos todos, así que cada dos semanas llevaba unos cientos de pedales a Guild en Hoboken, Nueva Jersey. Al Dronge quería llamarlos pedales Foxey Lady porque Jimi era enorme por entonces, y todo el mundo quería sonar como él».

Los primeros pedales de Electro-Harmonix

De LPB-1 a Big Muff Pi: El nacimiento de un icono

A sus 26 años, Mike Matthews fundó Electro-Harmonix en 1968 con tan sólo 1.000 dólares. Fue entonces cuando innovó con su primer producto, LPB-1 Linear Power Booster. Es un dispositivo que ayudó a inaugurar la Era Overdrive, un fenómeno que afectó profundamente al sonido de la música moderna. Mike lo describe así: «Fue el primer pedal que construí con EHX a finales de 1968. Me puse en contacto con Bob Meyer, un inventor premiado de los laboratorios Bell. Le contraté para diseñar un sustainer sin distorsión, y cuando fui a ver el prototipo, vi una pequeña caja enchufada en la parte delantera del prototipo de sustainer. Le pregunté: ‘¿Qué es eso?’, y me dijo ‘Bueno, no sabía que la guitarra emitía una señal tan baja, así que construí un simple reforzador basado en transistor’. Cuando le di al interruptor, de repente, el amplificador tenía un volumen tan alto. Dije: ‘¡Vaya, es todo un producto!’. En aquellos días, los amplificadores eran diseñados con mucho techo dinámico. No existía el overdrive. Por lo tanto, tú podrías subirlos al 10 y seguirían sonando limpios. Pero con este dispositivo, podías hacer que el amplificador tuviese mucho más volumen, aunque luego alcanzaba la distorsión. Lo llamé Linear Power Booster, o LPB-1, y empecé a venderlo por correo y luego en tiendas…». Todavía hoy venden toneladas de LPB-1.

Sólo un año después, en 1969, Mike presentó Big Muff Pi. Este procesador da nombre hoy la familia de pedales por la que Electro-Harmonix es probablemente más conocida, un cambio de juego con una lista de usuarios que se lee como un quién es quién de la música popular. Entre los músicos más destacados de Big Muff figuran David Gilmour de Pink Floyd, Billy Corgan de Smashing Pumpkins, Ernie Isley de The Isley Brothers, J Mascis de Dinosaur Jr., y Jack White de White Stripes, entre otros. Mike cuenta: «Nos lanzamos a la producción y llevé las primeras unidades a Henry (Henry Goldrich, hijo del fundador de Manny’s, Manny Goldrich), el jefe de Manny’s Music en la calle 48 Oeste de Nueva York. Una semana más tarde, pasé por Manny’s para comprar unos cables y Henry me gritó: ‘¡Eh, Mike, he vendido uno de esos Big Muffs nuevos a Jimi Hendrix!’. Poco después, en una de las sesiones de grabación de Jimi, vi su Big Muff en el suelo y conectado a su amplificador».

El sonido y el atractivo de LPB-1 Linear Power Booster es tan potente que ha sido imitado y copiado por casi todas las compañías de pedales del planeta…

En 1968, las ventas tras el primer año de Electro-Harmonix ascendieron a 50.000 dólares. Diez años más tarde, alcanzaron cinco millones de dólares, y la empresa ofrecía empleo a más de 250 personas de muy diversos orígenes. La mayoría empezó como trabajadores no cualificados y Mike les dio oportunidades ilimitadas de progreso. El vicepresidente de ventas de EHX era un afroamericano llamado Willie Magee, que había tocado la guitarra en el Chitlin’ Circuit. Manny Zapata, el director de márketing exterior, era un inmigrante de Colombia. Ambos habían empezado en la empresa como obreros no cualificados y fueron ascendiendo… La filosofía de Mike era que los trabajadores podían ascender en función de sus méritos y no de su antigüedad. En 1978, la compañía rayaba muy alto, y entonces Mike Matthews fue nombrado Persona del Año de la Pequeña Empresa del Estado de Nueva York.

Fue durante este periodo, a finales de los 70, cuando Mike hizo dos cosas que ilustran lo poco convencional y visionario de su enfoque en los negocios. La primera fue abrir el Salón de la Ciencia de Electro-Harmonix en el 150 de la calle 48 Oeste de Nueva York. En aquella época, la calle 48 Oeste era Music Row, el epicentro absoluto de los equipos musicales. La manzana estaba repleta de tiendas de música… Una al lado de la otra, estaban alineadas a ambos lados de la calle. Y todos los músicos que pasaban por Nueva York, peregrinaban a la calle 48 Oeste y en un momento dado no sería raro ver a cualquiera, desde Stevie Wonder hasta Buddy Rich, haciendo la ronda. Fue en medio de todo esto cuando Mike abrió el EH Hall Of Science, un centro de exposición de productos y marcas que tenía un escenario donde los expertos en productos de Electro-Harmonix hacían demos, con puestos de prueba donde los músicos hacían sonar los productos, y todo en un ambiente fresco, abierto y acogedor donde los músicos, los aspirantes y los turistas probaban todo lo relacionado con EHX (vaya, podría ser que Apple haya copiado este concepto para sus tiendas físicas). Uno de los aspectos más llamativos del Salón de la Ciencia EH era su deslumbrante despliegue de arte electrónico innovador. Y si bien la venta directa no formaba parte del paquete, a los interesados les resultaba fácil salir por la puerta para comprar en su tienda de música favorita de la calle.

La segunda acción fue conducir a la Electro-Harmonix Work Band, un grupo de otros cinco músicos y él mismo, a actuaciones en Rusia durante diez días. En 1979, la Cámara de Comercio e Industria de la URSS abrió por primera vez su exposición de bienes de consumo en Moscú a los participantes internacionales. El evento tuvo lugar en el parque Sokolniki de Moscú, y Electro-Harmonix fue uno de los dos únicos expositores de EE.UU., el otro fue alguien tan relacionado con la música como Levi Strauss. Y varias docenas de expositores de Japón y Alemania compartieron el mismo pabellón. La Work Band, totalmente equipada con los últimos pedales EHX, tocó ante un público repleto de gente que no se cansaba de escuchar su rock and roll. La Work Band actuaba tres veces al día y, siempre que lo hacían, su sonido era escuchado en todo el parque Sokolniki. La gente les oía y abandonaba en masa las demás exposiciones y pabellones para asistir a su espectáculo. Fue una celebración de la cultura y la música americanas con Electro-Harmonix a la cabeza, y las semillas sembradas durante ese viaje darían increíbles frutos para Mike y EHX en los años venideros.

La muerte del sueño Electro-Harmonix en los años 80

Pero el éxito no siempre es fácil, y en 1981, Electro-Harmonix atrajo la atención del Sindicato de Trabajadores del Plástico, Moldeadores y Novedades, Local 132, una rama del Sindicato Internacional de Trabajadores de la Confección. Le ofrecieron a Mike un ‘trato de favor’ para que Electro-Harmonix se convirtiese en una tienda sindicalizada en la que todos los trabajadores tendrían que afiliarse al Local 132. ‘No te costará ni un céntimo; de hecho, puedes ahorrar dinero’, le dijeron. Pero Mike rechazó sus propuestas.

En la mañana del lunes 10 de Agosto de 1981, una multitud estridente de agitadores externos se reunió frente a Electro-Harmonix. Cuando Mike se acercó a la entrada del edificio, fue abordado por varios matones. Su adrenalina se disparó y consiguió contenerlos, pero a un empleado llamado Erasmo que saltó en su ayuda le arrancaron los dientes incisivos. Cuando los empleados salieron del metro, se enfrentaron a ellos y les pidieron que firmaran tarjetas sindicales. Y cuando se negaron, les lanzaron huevos y les amenazaron con palos y puños. Los trabajadores que trataban de entrar en el edificio tuvieron que sortear a los matones que el sindicato había contratado, a base de patadas, puñetazos, y gritos.

A última hora de la mañana de ese lunes, Mike se puso en contacto con el periodista de la NBC, Jim Van Sickle, al que conocía de un reportaje que el periodista había hecho sobre Electro-Harmonix varios meses antes. Mike le contó lo que estaba ocurriendo y, como él mismo dice, «Jim me dijo que parecía tener algo de interés periodístico, pero que él sólo informaba de las noticias… Las historias que se publicaban las decidía el editor de la mesa. Le transmitiré tus comentarios». El miércoles por la tarde, Mike recibió una llamada de Van Sickle, quien le dijo que la NBC había escondido equipos en el cercano edificio Flatiron y en furgonetas sin marcar, y habían filmado las tácticas de fuerza del organizador. Mike explica: «Este reportaje fue emitido miércoles, jueves y viernes en el Canal 4 de noticias, y me invitaron al programa de televisión NBC Live At 5 del viernes, donde castigué el chantaje laboral en todo el país».

Electro-Harmonix fabrica hoy una línea de productos con más de 150 pedales, que van desde lo esencial hasta lo exótico: «Ofrecemos a los músicos productos imaginativos que avivan la llama de la creatividad a precios asequibles», afirman

Durante el piquete, United Parcel Service, la policía de Nueva York y otros se negaron a cruzar la «línea de piquete». Una anécdota interesante tiene que ver con Mike y un amigo llamado Charles Everett, cuyo apodo era Chango. Era un afroamericano, un nativo de Brooklyn con experiencia en las calles, además de baterista popular en la ciudad de Nueva York que Mike había contratado para ayudar temporalmente. Así lo cuenta Mike: «Alquilé un camión para llevar los pedidos empaquetados a las instalaciones centrales de UPS en Manhattan, y Chango vino de copiloto. Cuando llegamos a la sede de Electro-Harmonix, en la calle 23 Oeste, me paré para que Chango bajara antes de aparcar el camión. De repente, varios de los matones del sindicato le gritaron a Chango ‘¡Oye, Nigga!‘. Chango se puso como una fiera, salió corriendo del camión y se abalanzó sobre esos matones lanzándoles puñetazos. Se dispersaron y esa fue la última vez que alguno de ellos tuvo algo que decir a Chango». Mike y Chango siguieron siendo amigos hasta el fallecimiento del baterista a finales de 2018.

Mike estaba factorizando las cuentas por cobrar de la empresa a través del Philadelphia National Bank, y los problemas financieros de Electro-Harmonix crecían, acelerados por las tácticas perturbadoras del sindicato. Entonces, convencido de que la compañía no podría sobrevivir, el banco interrumpió de inmediato su financiación, paralizando el flujo de caja. Fue un golpe salvaje.

Les cortaron el suministro eléctrico y Mike trajo un generador de gas para proporcionar energía eléctrica limitada. Él y su equipo de trabajo mantuvieron la moral alta ante estas dificultades, pero recuerda: «Luchamos por nuestros derechos, pero no pudimos superar los reveses financieros, y después nos vimos obligados a liquidar». Mike tuvo que cerrar la fábrica y declararse en quiebra. Finalmente, la Junta Nacional de Relaciones Laborales ordenó al sindicato ‘cesar y desistir’. Por desgracia, fue demasiado benévola y actuó demasiado tarde.

Electro-Harmonix SmallStone en su edición rusa

La resurrección de EHX en los años 90

Curiosamente, aquel viaje de Mike Matthews a la URSS con su Work Band sembró las semillas que le permitieron reconstruir Electro-Harmonix y convertirla de nuevo en un negocio próspero. Se dio cuenta de que los rusos no podían comprarle productos al no disponer de divisas, aunque estaban muy interesados en los dólares estadounidenses. Con su afinado instinto empresarial, pensó en lo que podría comprar a Rusia. Mike recuerda: «Tuve la idea de comprar a Rusia circuitos integrados baratos que llamábamos jellybean ICs. En Electro-Harmonix había determinado estos ciclos cada tres años más o menos en los que, cuando los fabricantes sacaban una nueva serie de integrados que estaban de moda, dejaban de fabricar estos circuitos baratos y acababan costando mucho o no se podían conseguir. Así que pensé que si la calidad rusa era buena, cuando estos ciclos llegasen, podría llenar un vacío y ganar un dineral. Así que empecé a desarrollar dicho negocio».

«En aquella época, todo estaba controlado de forma centralizada, y un día, en 1988, cuando fui al Ministerio de Electrónica, vi válvulas de vacío colgadas en la pared. Pensé: ‘¿Válvulas? Son empleadas en los amplificadores de guitarra’. Así que dije: ‘Déjenme conseguir algunas muestras de esto’, y me las enviaron en cajas de madera. Se las llevé a mi amigo Jesse Oliver en Long Island, que había diseñado la mayoría de los primeros amplificadores Ampeg, y le pedí que las comprobase. Me dijo: ‘Mike, estas válvulas son buenas’, así que cambié los circuitos integrados por las válvulas de vacío. Trabajaba solo, en mi apartamento, y las válvulas llegaban hasta el techo. Lo hacía todo yo solo. La gente del sector me conocía. Llamaba a las tiendas de servicio de todo el país y hacían pedidos. Creció hasta el punto de que fui el primer estadounidense invitado a la ciudad donde estaba la mayor fábrica de válvulas de vacío del mundo, que formaba parte de una fábrica militar, y ahora, ¡somos dueños del cien por cien de la fábrica!» Mike compró aquella fábrica, situada en el complejo industrial Reflektor de Saratov, en 1998, y la convirtió en el mayor proveedor de válvulas del mundo, con una lista de clientes que incluye a los fabricantes de amplis de guitarra Marshall, Fender, Vox, y Peavey, así como a fabricantes de equipos de audio como McIntosh y Audio Research.

Más tarde, Mike observó que había un mercado floreciente de equipos musicales antiguos. Nos cuenta «A principios de los 90, me di cuenta de que todos los pedales Electro-Harmonix que fabricaba en los años 70 eran vendidos con un gran margen de beneficio. En los 70, no había nada llamado mercado vintage. Así que empecé a fabricar pedales Electro-Harmonix de nuevo. Le di el diagrama del circuito electrónico de Big Muff y una muestra a una pequeña fábrica militar de San Petersburgo que estaba desesperada por trabajar. Diseñaron la placa de circuito impreso y una nueva carcasa, y lo fabricaron para mí. Más tarde, amplié y añadí Bass Balls y el phaser Small Stone. Luego empecé a reeditar todos los pedales populares de Electro-Harmonix y a fabricarlos en Nueva York. Finalmente, reuní un equipo de desarrollo en expansión para el diseño de pedales nuevos…».

Esta bella historia demuestra con creces que, cuando tienes ideas y pasión, tu energía acaba encontrando la forma de fluir y emanar hacia el mundo. Y más allá de fabricar herramientas musicales exclusivas, Electro-Harmonix es una compañía de ilusión que triunfó por romper esquemas y transitar por donde nadie había estado antes.

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