La variedad de sonidos que es posible sacar a una guitarra es enorme, casi infinita. Sin embargo, los tipos de sonidos que puedas generar dependerán de los equipos que tengas y, sobre todo, de la habilidad del guitarrista. Por ahora no haremos ni una sola mención a los efectos; eso lo dejaremos para otro día.
Antes de nada, debes decidir si vas a usar una guitarra eléctrica o acústica. Cada una tiene un tono bastante característico, pero es tal la variedad de formas y configuraciones existentes, que hay muchos matices intermedios.
Las guitarras acústicas se encuadran en dos grandes categorías: clásicas (o españolas) y acústicas (o folk). Aunque las formas del cuerpo y del mástil suelen ser diferentes, se identifican con más facilidad porque la guitarra clásica lleva cuerdas de nylon, mientras que la acústica lleva cuerdas metálicas.

El mástil de las guitarras clásicas suele ser más ancho que el de las acústicas, lo cual anima a tocarlas de manera distinta y, a su vez, afecta al sonido resultante. Aunque la música no entiende de normas y puedes hacer lo que quieras, una guitarra española encordada con cuerdas de acústica no resulta muy cómoda y acabarás dañando su mástil si no tiene suficiente fuerza para soportar la tensión extra que es requerida al usar las cuerdas metálicas.
Lo más importante son las significativas diferencias tímbricas entre estos dos tipos de guitarras. La clásica produce un sonido suave y redondeado, ideal para tocar música suave y relajante (aunque también puede transmitir tanta energía como el flamenco).
La acústica es mucho más punzante y audaz, pero puede arrojar una enorme cola de graves. Eso sí, recuerda que las más baratas tendrán un horrible sonido enlatado y algunas resultan muy difíciles de tocar.

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Publicado originalmente en Future Music 98

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