Si tienes un buen sonido de bombo y caja, todo lo demás caerá por su propio peso. Te enseñamos algunas técnicas y trucos que proporcionarán más cuerpo, pegada y contundencia a tus temas

Considera cualquier estilo de música moderno, y es muy probable que el aspecto más importante del tema, lo que dirige todo, sea el groove. Y en el corazón del ritmo está el bombo y el backbeat –la caja y/o palmada. La línea de bajo se ancla a ellos, y como motor se colocan elementos con más notas en las frecuencias medias –charles y percusión.

Pero no puedes coger cualquier bombo y caja y esperar que funcionen tal cuales: hay una relación básica y primitiva. La pista de batería debe resonar a nivel visceral, provocando una respuesta física más allá del cerebro consciente. Es algo que debes sentir, no pensar. Puedes aprender cómo funcionan tus temas escuchándolos y analizándolos, pero esta compresión se logra al observar el efecto que tienen en ti; después, podrás usar este conocimiento para construir tus baterías, buscando provocar respuestas similares.

Es cierto que los estilos y tendencias influyen a la hora de escoger el sonido de bombo y caja –como los típicos bombos y cajas house 909, o la influencia de LinnDrum en el pop de los años 80–, y desde luego ciertos sonidos pasan de moda o se asocian a cierto estilo de música, pero tu respuesta emocional –la familiaridad profunda, y el confort que sientes–, proviene de la impronta inconsciente que deja el sonido. Es parecido a cuando las versiones inspiran sensaciones similares a la canción original.

Cuestión de golpes y su número

¿Cuáles son los elementos concretos que provocan estas respuestas? Para empezar, está la energía y la actitud del ritmo. De forma independiente al nivel de escucha (aunque los niveles altos impresionan más), factores importantes son lo fuerte que se golpea y con qué actitud se hace. La impresión de energía y pegada puede manipularse con la compresión, y esto, combinado con pequeñas variaciones en el timing, afectan a la actitud percibida. Si adelantas un poco el bombo, se incrementará la urgencia. Lo contrario transmitirá una sensación más relajada.

La sutil relación que guardan bombo y caja con el charles, dentro de un compás, también provoca distintas respuestas. Está más allá del alcance de este texto, pero el shuffle y el swing pueden variar el ritmo de «adelante» a «atrás» con sólo pequeños cambios en la posición de las corcheas y semicorcheas, respecto del ritmo.

La impresión de energía y pegada puede manipularse con la compresión dinámica, y esto, combinado con pequeñas variaciones en el timing, afectan a la actitud percibida…

Vigila el espacio

El espacio donde se encuentra la batería, y la forma en que es procesado, también afectan a la sensación de energía. Hay que usar reverbs tipo room subliminales y sutiles, que incrementen la pegada de la señal principal (no reverbs largas). Y por supuesto, también están el tono y el timbre. El peso del bombo es crucial en la fuerza intrínseca del tema, y sus frecuencias concretas en graves afectan a la resonancia del cuerpo. Nos referimos a bombos «en el pecho», «en el estómago» o «más abajo», según la parte del cuerpo donde se sienten.

Es posible acrecentar el tema añadiendo cambios dinámicos, por ejemplo combinando varios sonidos de caja en el estribillo para que suene más grande. Una vez que hayas escogido los sonidos y programado el ritmo, el siguiente paso es procesarlo de forma que «pulse los botones adecuados».

Logra que bombo y bajo operen juntos

El bombo y el bajo ocupan mucho espacio, ambos quieren ser protagonistas. No es de extrañar que una de las tareas más complicadas sea lograr que funcionen bien juntos. Deben tener su espacio propio en frecuencia, y a la vez, sonar conectados.

1Hay dos enfoques básicos: una línea de bajo por arriba (más dura) y un bombo profundo, o un bombo más duro –con menos decay en graves– y un bajo con más cuerpo. Esto último es quizá lo más común, pero es una decisión que hay que tomar durante la grabación. En la mezcla puedes manipular los sonidos, pero no querrás modificar todo por completo.2Para un bombo duro, potencia la zona de 100-200Hz, dejando los 70-100Hz para el bajo. También puedes marcar el foco del ritmo haciendo que el bajo suene un poco «por detrás». Y siempre está la técnica –muy mencionada pero poco usada– de comprimir el bajo con sidechain del bombo, para que cuando éste golpee, la línea de bajo suene más baja.

3La compresión en el bajo es útil para potenciar el decay del instrumento, y rellenar así el espacio tras el golpe de bombo, aportando una base grave y potente al tema. Recortar parte de la zona medio-alta del espectro ayuda a «abrir» los graves; un corte estrecho sobre 250Hz puede aclarar las cosas.Y si aún así tienes problemas para que los dos funcionen juntos, siempre puedes usar la clásica línea de bajo a contra, de forma que ambos elementos puedan usar el mismo espectro, sin competir.

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