¿Cuánto hay de razón y razonamiento en las palabras oficiales de Behringer, al tratar de justificar lo que es un supuesto plagio? Sigue el hilo de la causa Swing VS Arturia KeyStep…

Más que leer: Swing, el supuesto plagio de Behringer | Otras declaraciones oficiales

El asunto trae cola, y si podemos hablar de trend topics en nuestra escena, este es quizá el más seguido de los últimos meses. Recapitulemos para los nuevos: Behringer Swing, lanzado hace 48 horas, ofrece un miniteclado controlador MIDI, USB y CV, con secuenciador por pasos…

Hasta ahí todo correcto, de no ser porque la unidad de Behringer es, visual y argumentalmente demostrada por Arturia y su agencia de diseño, una copia manifiesta a 1:1 del popular teclado KeyStep (como aquí puedes leer según sus declaraciones personales). Todo ello dicho desde el tradicional «supuestamente», al que yo añado un «saca tus propias conclusiones» a la luz de las imágenes, y otros detalles técnicos que cualquiera puede consultar en las fuentes oficiales.

SWING
🔗https://bit.ly/Behringer-SWING

We’re very excited to introduce SWING, the first of many exciting new MIDI…

Publicado por Behringer en Domingo, 22 de noviembre de 2020

Arturia KeyStep combo

Behringer responde por alusiones, en defensa de sus tácticas de mercado

Tras las declaraciones importantes, clarificadoras y tamizadas con calma y objetividad, procedentes de Arturia (Frédéric Brun, cofundador y presidente), y Design Box (Axel Hartmann, CEO, diseño), parece como si Behringer se hubiese visto obligada a ofrecer su versión de lo ocurrido; de hecho, no lo parece, es así, en seguimiento del juego clásico de la industria, antes de poder ir a mayores con el asunto en los tribunales, si es que el asunto llegase hasta ahí, una posibilidad que yo no creo posible en absoluto (y es que apelo a eso de «dos no pelean si uno no quiere»).

Así las cosas, la pelota estaba en el tejado de Behringer. Pero no deja de ser indecente y hasta impresentable que Uli Behringer (CEO de la compañía) no haya recogido el testigo y hable a la misma altura… No, así no: Han publicado un comunicado en su comunidad Musictribe, repleto de su propio argumentario (aquí lo puedes leer al completo, porque no seré tan inocente de caer en el error facilón de publicarlo íntegramente… Ya sabes, por lo que luego pueda ocurrir).

Las buenas compañías hablan mucho más de sus productos, y poco de sus métodos… De hecho, dejan que sus productos hablen por sí solos…

Una parrafada que, al menos, te hará pasar un buen rato

Lo que ahora escribo tiene que ver con esas explicaciones y matizaciones oficiales sobre Behringer Swing. Y bien, uno está en su pleno derecho de justificar todo lo que haga, hasta el límite que desee, aportando todas las pruebas y argumentario que le vengan en gana. Pero es evidente que en dicha ambición, llegarás a un punto donde el asunto se torne injustificable, porque ya no quede nada que, objetivamente, pueda ser demostrado ante quienes reciban las pruebas, que actúan como tus censores.

Es decir, ¿cómo se puede justificar un plagio industrial, una apropiación de un diseño existente para tratar de aprovecharse comercialmente de un producto que generó cierto éxito en el mercado? La respuesta es obvia y sencilla: No hay muchas justificaciones para eso. Y en este caso, el punto de no-retorno es bastante inmediato y concreto: Basta exponer los hechos para que cualquiera identifique las intenciones de Behringer.

La marca en liza, esa que copia, trae a la palestra conceptos establecidos de competitividad sustentados en la Ley, incluso se permite la licencia humorística en este caso de hablar sobre «potenciar la innovación»… Demonios, qué buenas palabras manejan. A todas luces, puedo imaginar con claridad en su alegato un «hago lo que quiero, y si no te gusta, denúnciame».

De paso, es un manifiesto oportunista para vindicar su argumentario de márketing, que es de libro, porque lo repiten en cualquier oportunidad que tienen por delante. Recursos de innovación, métodos avanzados de fabricación, todo repercute en el cliente… ¿Sabes Behringer?, cualquier compañía que diseña y fabrica productos musicales, casi cualquier tipo de producto de hecho, tiene que lidiar con lo mismo, y no lo expone todo el santo día –es sólo un elemento más de su trabajo. Más bien, las buenas compañías hablan mucho más de sus productos, y poco de sus métodos… De hecho, dejan que sus productos hablen por sí solos.

Pero, ¿quién importa más aquí, el seguidor o los seguidos?

También asisto un tanto perplejo a lo que Behringer denomina «la estrategia de márketing del seguidor o el seguimiento» (porque no dejan claro el sentido). Y justifica el supuesto plagio en su «seguimiento de un concepto establecido» al referirse a Behringer Swing, sin mencionar a KeyStep de Arturia (¡ahí estuviste bien sagaz, Behringer!).

El punto culminante y genial, a mi juicio, es cuando se refieren a su cautela en cuanto a las propuestas de producto, con su aproximación de seguimiento, y en el uso de firmas con expertos en propiedad intelectual (es decir, abogados) para estar seguros de que «sus productos estén dentro de los límites [marcados por] la Ley». Y me pregunto, te pregunto, ¿no es esa aproximación de jugar con los límites un bochornoso enfoque de una actividad en el mercado? Usando sus mismas palabras y ambiciones, su enfoque de marca, la innovación es algo que juega con la sorpresa y la propuesta original; el éxito suele llegar por el reconocimiento de los clientes, no porque seas bueno moviéndote entre límites y lagunas de la legalidad.

Cuando compras un producto, te conviertes en un eslabón importante de una cadena de mercado; y ese sentimiento de pertenencia a una industria y una escena, debería modelar tus sensaciones y decisiones… Siempre

Por último, fuera de toda objetividad, y como también hacían los antiguos ejércitos, contando victorias pero nunca derrotas, Behringer trata de justificar su modelo alegando causas judiciales de las que salió victoriosa (con Mackie y Pioneer, especialmente). ¿Pero qué ocurre con los asuntos turbios? Ah, eso mejor no contarlo.

En 2005, Roland Corporation presentó una demanda para vindicar la imagen comercial, la marca y otros derechos de propiedad intelectual de Roland sobre sus productos BOSS, con respecto a los pedales de guitarra lanzados entonces por Behringer (cualquiera que los viera captó sin más toda la intencionalidad de las copias). Al final, ambas empresas llegaron a un acuerdo confidencial en 2006 después de que Behringer se viese forzada a cambiar sus diseños. Y es que capear una sentencia judicial o pagar una multa, no te quita el calificativo pertinente; más bien maquilla la situación y te simplifica las cosas.

Al final, como usuarios, todo queda resumido en este concepto: Cuando compramos un producto –ya sea un sinte, un interface de audio, un plugin, unos monitores, o un teclado controlador MIDI, por ejemplo–, no todo acaba en nuestro nivel personal de satisfacción y la realidad práctica con dicho bien de consumo: En realidad, nos convertimos como consumidores en un eslabón de la cadena industrial, de mercado (quizá seamos entonces una de las partes más importantes). Y ese sentimiento de pertenencia a una industria y una escena, debería modelar nuestras sensaciones y decisiones. Siempre.

Más sobre Behringer Swing
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Más sobre Arturia KeyStep
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