¿Cuándo fue la última vez que transferiste una sesión desde tu secuenciador hasta la ya arcaica plataforma ADAT, y/o viceversa? ¡Vaya, con menuda preguntilla me estreno en esto de los blogs músico-computerizados! ¿O debería decir “místico-computerizados”?

Para mi gusto al menos, los grabadores digitales ADAT conservan aún un cierto encanto casi sobrenatural, propio de la tecnología arrinconada, de los circuitos tristemente olvidados por todos, de los sistemas analógico-digitales que aprendimos a amar pero que ahora dormitan en el trastero de nuestra memoria musical…En uno de los temas técnicos recientes de FM, dejé entrever lo que para todos es un secreto a voces: música estupenda como la del primer álbum de Alanis Morrisette se grabó en las dichosas y “mamotréticas” máquinas de Alesis. Otra cosa es que los productores involucrados quieran reconocerlo (Glenn Ballard defendía sin complejos su uso y su sonido en una recopilación interesantísima de entrevistas con los mejores ingenieros de la industria –Behind The Glass, publicada como libro por la editorial BackBeat Books).

Para quienes han abrazado recientemente la tecnología de producción musical –no es un término peyorativo, al contrario: ya quisiera yo conservar la ilusión y las ganas del principiante– ADAT es sólo un protocolo de transmisión para ocho canales de audio a 44.1 o 48kHz. Repasa la definición en la primera parte de nuestro Glosario de términos de producción musical.

La abundancia de interfaces que emplean dicho estándar óptico no sólo ha causado esta confusión y ha restringido el significado del término: también ha hecho que los más “talluditos” olvidemos que allá por 1.994 lo más cool era hacerte con uno de esos grabadores digitales en cinta S-VHS (por más de medio millón de las antiguas pesetas, lo que algún modo confirma sus bondades en el estudio, pues nadie en su sano juicio abordaría tal inversión si no mereciese la pena).

Pero, al menos en mi caso, no iba a dejar que el temor a los posibles fallos técnicos de tan veteranos circuitos –y mucho menos al que dirán– me detrajese de volver a experimentar la sensación. Ni corto ni perezoso, establecí contactos en foros españoles para conseguir un ADAT de segunda mano con poquísimas horas de uso. Semanas después, completé mi infraestructura retro con otras tres unidades enviadas esta vez desde… ¡Nueva York! (en España no localicé más en buen estado, y aquellas estaban tiradas de precio en eBay). Gracias a Dios los cabezales no estaban rayados ni se vieron afectados por el transporte.

Pasaré rápido a la conclusión: me dolía un poco la cabeza tras pelearme con los cables Sync, las cintas S-VHS y la unidad M-Audio ProFire Lightbridge con la que transmití 32 pistas de audio a la vez desde Cubase 4 hacia la torre de rack donde los cuatro ADATs volvían a calentarse (tras largos años de inactividad casi total en sus respectivos estudios de origen). Pero funcionó, vaya si lo hizo. Ni os podéis imaginar la sensación (bueno, tal vez sí).

¿Tecnología? Los ADAT llevan un chip EPROM que, en una de las cuatro unidades que me tocaron “en suerte”, no iba actualizado a la última versión. Contacté varias veces con una empresa americana que distribuye los chips con el firmware actualizado, pero no me hicieron ni caso. Da igual, conecté de todos modos los cuatro ADAT en cascada, y se sincronizaron bien. Prueba enésima de que, cuando el trabajo musical urge (sea porque te lo han encargado, sea porque buscas con ansia un nuevo “subidón” retro), uno lo hace a pesar de todos los obstáculos. Ya se que jalvac me dirá “aplícate la frase con las entregas para la revista, macho”, pero bueno…

¿Más tecnología? Los cables Sync de Alesis son solamente cables pin a pin, serie de nueve patillas, no cruzados, de los que se usaban casi a diario con los PC-XT y PC-AT antiguos. El marketing y el “esos látigos no te valdrán para lo que quieres” tampoco son obstáculo ante las ganas de rescatar sensaciones con olor a viejo.

¿Ciencia? Parece mentira que el óxido en cuatro cintas S-VHS que criaban polvo en la trastienda de un distribuidor de vídeo local, sobreviva más de una década y aún puedas grabar pistas de audio a 48kHz sobre dicho medio (¡tuve que guiar al dependiente hacia mi objetivo, porque hasta estaban fuera de catálogo!). Hay mucha física y química soportando mi sueño, y me siento agradecido por ello.

¿Más ciencia? El arte de la mezcla muchos lo consideran como una disciplina científica más. El “arte-ciencia” para mi prueba retro lo proporcionó una sesión –originalmente en Pro Tools– que se incluye con uno de los DVD-tutoriales de Charles Dye (ingeniero de renombre que ha trabajado para multitud de cantantes y grupos famosos). Cuando hay arte, y ciencia de la buena (¡no veas cómo se explaya el tío sobre las posiciones de micro, y las características de los plug-ins empleados) hasta un grupo de viejos ADAT hacen que el grabar y mezclar música se convierta en una experiencia alucinante.

Moraleja para hoy: rescata algo viejo de tu trastero, supera el complejo y haz o graba música con eso. Si te sientes tan “carca” como yo agradécele a la vida el haber nacido en torno al último cuarto del siglo XX, pues cuando valoras la cantidad de ciencia y tecnología electrónica que damos por hecha durante nuestros jugueteos o trabajos con la música; es cuando más disfrutas de ello.

¡Buena ciencia, buena electrónica, y buena música! Y una pizca de nostalgia para darle más sabor. Mi receta preferida, sin duda.

Como os habréis dado cuenta ya, Electro-ciencia no va a ser un blog con fórmulas matemáticas tomadas de la física CMOS (aunque especularemos sobre las tendencias del silicio en la medida en que nos atañe), ni sobre el diseño de circuitos integrados inteligentes (aunque albergaremos rumores, comentarios sobre noticias ocasionales de la industria musical, y de los DSPs para audio), ni tampoco sobre “rajes” ni nostalgias de usuario (aunque estoy orgulloso de haberme pasado unas cuantas tardes haciendo las paces con la plataforma ADAT).

Electro-ciencia será más bien, una demostración esporádica de cómo armado con cuatro duros, con cuatro ideas musicales y con cuatro neuronas (aunque la gente suele adularme debido a alguna rara imagen que proyecto, no soy ningún genio), la tecnología, la ciencia y la música pueden combinarse en un único concepto en base al cual puedan ir sobreviviendo nuestras sensaciones.

En la próxima entrada, os contaré cómo la tecnología de última generación facilitó mi aprendizaje de una partitura de piano que presentaba ciertos desafíos para quien, como yo, nunca ha pisado un conservatorio pero al menos distingue un puñado de acordes. ¡Nos vemos!

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